Recientemente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció una serie de nuevos aranceles que afectarán a un total de 185 países, marcando un cambio significativo en la política comercial estadounidense. Este anuncio, realizado en un evento denominado ‘Día de la Liberación’, ha generado un amplio debate sobre sus implicaciones económicas y políticas.
Los aranceles, que entrarán en vigor en los próximos días, se aplicarán a una variedad de productos importados, con tarifas que varían según el país de origen. Entre los más afectados se encuentran países como Lesoto, Camboya y Vietnam, que enfrentarán tarifas de hasta el 50%. Sin embargo, el país que más destaca en esta lista es China, que verá un incremento en sus aranceles del 54%, sumando un 34% adicional a los ya existentes debido a la emergencia nacional por el fentanilo.
A pesar de la amplitud de la lista de países afectados, hay notables ausencias. Rusia, Bielorrusia, Corea del Norte y Cuba no están incluidos en las nuevas tarifas, lo que ha llevado a cuestionamientos sobre la lógica detrás de estas decisiones. Estos países ya enfrentan sanciones y restricciones comerciales significativas, lo que podría explicar su exclusión de esta nueva medida.
En contraste, Irán, que también está bajo sanciones, verá un incremento del 10% en sus aranceles, lo que indica que no todos los enemigos históricos de Estados Unidos están exentos de estas nuevas políticas. La justificación de Trump para estos aranceles radica en el deseo de reducir el déficit comercial de Estados Unidos, que alcanzó un récord de 1,2 billones de dólares el año pasado.
Los aranceles se calculan en función de un supuesto porcentaje de tarifas aplicadas a Estados Unidos, pero varios economistas han señalado que estos cálculos son engañosos. Por ejemplo, el déficit comercial con Indonesia se traduce en un arancel del 64%, mientras que con la Unión Europea se establece en un 39%. Esta metodología ha sido criticada por no reflejar la realidad del comercio internacional.
Los productos que se verán afectados por los nuevos aranceles incluyen casi todos los bienes que ingresan a Estados Unidos, con excepciones notables como el acero, el aluminio y los automóviles, que ya están sujetos a tarifas del 25%. También se han excluido temporalmente productos farmacéuticos, semiconductores y minerales críticos, aunque estas exenciones podrían ser revisadas en el futuro.
Para España, los nuevos aranceles significan un incremento del 20% en las tarifas de exportación. En 2024, las exportaciones españolas a Estados Unidos alcanzaron un valor de 3.566 millones de euros, con sectores como el agroalimentario y el automovilístico entre los más afectados. La incertidumbre sobre cómo se aplicarán estos aranceles ha llevado a muchas empresas a replantear sus estrategias comerciales.
Trump ha afirmado que espera recaudar 600.000 millones de dólares anuales a través de estos nuevos aranceles, aunque los datos históricos sugieren que esta cifra podría ser optimista. En el siglo XIX, los aranceles eran una fuente importante de ingresos para el gobierno estadounidense, pero en la actualidad representan solo el 3% de los ingresos federales.
La implementación de estos aranceles no solo tendrá un impacto económico, sino que también podría afectar las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con varios países. La comunidad internacional observa con atención cómo estas medidas influirán en el comercio global y en la estabilidad económica de las naciones afectadas. A medida que se acerca la fecha de entrada en vigor, las empresas y gobiernos están en una carrera contra el tiempo para adaptarse a este nuevo panorama comercial.