Miguel Ángel Revilla, el expresidente de Cantabria, ha generado un gran revuelo mediático tras su reciente comparecencia en la sede del Partido Regionalista de Cantabria (PRC). En esta ocasión, Revilla se pronunció sobre la querella presentada por el rey emérito Juan Carlos I, quien lo acusa de injurias. A pesar de la tensión que rodea el caso, Revilla se mostró firme en su postura, asegurando que no se arrepiente de sus declaraciones y que no ha cometido ningún delito.
Durante la rueda de prensa, Revilla dejó claro que no tenía intención de avivar la polémica, pero no pudo evitar responder a las acusaciones. Afirmó que sus comentarios han estado siempre basados en hechos conocidos y que no ha proferido insultos hacia el rey emérito. «No me arrepiento. No creo que haya cometido ningún delito porque no he dicho nada que no sea cierto», declaró, reafirmando su posición ante un grupo de periodistas que abarrotaron la sala.
Revilla también expresó su sorpresa y decepción por la decisión del rey de demandarlo. Se preguntó por qué Juan Carlos I no había tomado acciones legales contra otras figuras públicas que han hecho comentarios más severos sobre su persona, como Bárbara Rey o Corinna Larsen. «¿Por qué no se ha querellado contra Bárbara Rey que ha dicho cosas horribles, o contra Corinna que ha dicho que tenía una máquina de contar dinero en La Zarzuela?», cuestionó Revilla, evidenciando su frustración ante lo que considera una injusticia.
El expresidente, que ha mantenido una actitud crítica hacia el rey emérito en los últimos años, recordó que Juan Carlos I fue el protagonista de la portada de su primer libro, lo que hace aún más dolorosa esta situación para él. Revilla se mostró afectado y visiblemente emocionado al hablar sobre la querella, describiéndola como «mezquina» y un acto que considera desproporcionado contra un ciudadano común.
A lo largo de su intervención, Revilla se movió entre la rabia y la tristeza, manifestando su descontento por lo que considera un abuso de poder. «Cuidado que los reyes en España han hecho tropelías a lo largo de la historia, pero nunca ir contra un ciudadano de a pie», afirmó, enfatizando su posición como un ciudadano común frente a una figura de la realeza.
El exjefe del Ejecutivo regional también se mostró dispuesto a analizar sus palabras una vez que reciba la querella formalmente. Aseguró que, si se demuestra que ha cometido algún error, no tendría inconveniente en pedir disculpas, aunque subrayó que no mentiría. «Rectificar no, porque yo no he mentido», insistió, dejando claro que su intención no es eludir la responsabilidad, sino defender su derecho a expresarse.
La querella presentada por el rey emérito incluye un acto de conciliación que se llevará a cabo en Santander, donde ambas partes intentarán resolver el conflicto sin necesidad de llegar a juicio. Revilla expresó su deseo de que Juan Carlos I asistiera a este acto, ya que considera que es una oportunidad para dialogar y aclarar las diferencias. «Nada me gustaría más que viniese él al acto de conciliación. Ya que ha presentado la demanda, ahí nos vemos», comentó, mostrando su apertura al diálogo.
Este enfrentamiento entre Revilla y el rey emérito ha captado la atención de los medios y del público, generando un debate sobre la libertad de expresión y los límites de la crítica hacia figuras públicas. La situación plantea preguntas sobre el papel de la monarquía en la sociedad actual y cómo las figuras de poder deben responder a las críticas que reciben.
A medida que se desarrolla este caso, será interesante observar cómo se desenvuelven las negociaciones y si se logra un entendimiento entre las partes. La figura de Revilla, un político conocido por su estilo directo y su capacidad para conectar con la gente, se enfrenta ahora a un reto que podría definir su legado en la política cántabra y más allá.