La central nuclear de Garoña, ubicada en el Valle de Tobalina, Burgos, ha estado en el centro de atención debido a la reanudación de su desmantelamiento, un proceso que se había visto interrumpido durante más de un año. Esta fase crítica, que implica el vaciado del combustible gastado acumulado en la piscina del reactor, se detuvo en marzo de 2024 por retrasos en la entrega de contenedores necesarios para almacenar los residuos radioactivos.
Desde que se inició el desmantelamiento en 2022, la empresa pública Enresa ha logrado llenar solo cinco de los 49 contenedores requeridos, cada uno con un peso de más de 70 toneladas y diseñado para almacenar residuos altamente radiactivos. Estos contenedores están sellados herméticamente y tienen una durabilidad estimada de 60 años, lo que garantiza la seguridad en el almacenamiento de estos materiales peligrosos.
La reanudación de las operaciones está programada para el verano de 2025, cuando se espera que lleguen nuevos contenedores y se obtenga la aprobación del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) para una intervención clave: la ampliación del espacio de almacenamiento. Esta ampliación incluirá seis contenedores adicionales para residuos especiales, lo que permitirá una gestión más eficiente de los desechos nucleares.
Enresa ha confirmado que el sexto contenedor será suministrado por la empresa Ensa a finales de este mes, y que los siguientes llegarán cada tres semanas hasta mediados del próximo año. Cada contenedor requiere más de dos semanas de trabajo continuo para su llenado, traslado y emplazamiento, lo que añade complejidad al proceso de desmantelamiento.
La piscina de refrigeración, donde actualmente se almacena el combustible gastado, es una estructura de hormigón con paredes de acero inoxidable que actúa como barrera contra la radiación. En total, hay 2.505 elementos de combustible gastado en la piscina, y se prevé que el proceso de vaciado no se complete en 2027, como se había planeado inicialmente.
Además de la reanudación del vaciado del reactor, Enresa está llevando a cabo otras labores en Garoña, como la transformación del espacio que ocupaba la turbina en un nuevo edificio auxiliar de desmantelamiento. Este espacio se destinará a la gestión de residuos radiactivos y a la adecuación de sistemas de ventilación y almacenamiento.
El coste total del desmantelamiento de Garoña se estima en 475 millones de euros, a los que se suman otros 180 millones por la gestión del combustible gastado. Actualmente, alrededor de 300 trabajadores están involucrados en diversas tareas relacionadas con el desmantelamiento, lo que subraya la magnitud del esfuerzo requerido para llevar a cabo esta operación de manera segura y eficiente.
El futuro del combustible gastado es incierto, ya que se espera que permanezca en Garoña hasta 2073, cuando se prevé la construcción de un Almacén Geológico Profundo (AGP) en algún lugar de España, aún sin determinar. Este almacén subterráneo, que se ubicará a más de medio kilómetro de profundidad, será el destino final de los desechos nucleares del país.
Para garantizar la seguridad de los residuos almacenados, Enresa también está implementando medidas adicionales, como la construcción de un nuevo edificio de vigilancia y control que estará operativo en 2028. Este edificio contará con tecnología avanzada para detectar posibles incidencias en los contenedores y personal especializado para realizar reparaciones si es necesario.
La situación en Garoña es un recordatorio de los desafíos que enfrenta la industria nuclear en España, especialmente en lo que respecta a la gestión de residuos radiactivos. A medida que se avanza en el desmantelamiento de la central, la seguridad y la eficiencia seguirán siendo prioridades fundamentales para Enresa y las autoridades competentes.