El 29 de marzo de 1980, un trágico suceso marcó la historia de España: la muerte de José María Piris Carballo, el primer niño asesinado por la banda terrorista ETA. Con solo 13 años, José María se convirtió en una de las primeras víctimas menores de edad del terrorismo en el país, un hecho que aún resuena en la memoria colectiva y que se conmemora cada año.
La historia de José María es un recordatorio doloroso de los estragos que el terrorismo ha causado en la sociedad española. Originario de Extremadura, José María se trasladó al País Vasco con su familia en busca de un futuro mejor. El día de su muerte, había estado jugando al fútbol con amigos y se encontraba en el coche del padre de uno de ellos, esperando a que aparcara. Fue en ese momento cuando, al bajarse del vehículo, golpeó un paquete que resultó ser una bomba que se había caído del coche de un guardia civil. La explosión le costó la vida al instante, mientras que su amigo Fernando García sufrió graves heridas.
La conmoción que generó su muerte fue inmensa. La noticia del primer niño muerto a manos de ETA provocó una ola de indignación en la población, que se manifestó en una gran marcha en su memoria, donde más de 4,000 personas se unieron para protestar contra la violencia. Sin embargo, la familia de José María no pudo permanecer en el País Vasco tras el atentado y regresó a su lugar de origen, San Vicente de Alcántara, donde reposan sus restos.
En agosto de 2022, se inauguró un monumento en su honor en San Vicente de Alcántara, un espacio que busca recordar no solo a José María, sino a todas las víctimas del terrorismo. En el memorial, su madre, Carmen Carballo, expresa el dolor de perder a un hijo y la necesidad de entenderse mutuamente para poder vivir en paz. Su mensaje resuena con fuerza, recordando que la violencia solo engendra más violencia.
La carta de ETA
Cuatro meses después de la muerte de José María, su familia recibió una carta de ETA dirigida a él. En el contenido, la banda terrorista afirmaba que su muerte había sido un error y que la bomba no estaba destinada a él. Esta falta de arrepentimiento y la deshumanización de las víctimas son aspectos que han marcado la historia del terrorismo en España. En una entrevista de 2002, Carmen Carballo compartió su dolor al recordar la carta, subrayando que los terroristas nunca mostraron remordimiento por sus acciones.
El autor del atentado, Jon Aguirre Agiriano, observó la escena desde un balcón cercano y fue condenado por varios asesinatos, incluido el de José María. Tras cumplir su condena, se convirtió en un representante del Colectivo de Presos Políticos Vascos, lo que añade una capa de complejidad a la narrativa del terrorismo y sus consecuencias.
La memoria de las víctimas
La historia de José María Piris Carballo es solo una de las muchas que se han perdido en el olvido. A pesar de que las nuevas generaciones pueden percibir el terrorismo como un fenómeno lejano, es crucial recordar y honrar a las víctimas. Según una encuesta realizada por el Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe, solo el 53% de los estudiantes conocía la historia de Miguel Ángel Blanco, otro símbolo del sufrimiento causado por ETA. Esto pone de manifiesto la necesidad de educar a las nuevas generaciones sobre el pasado para evitar que se repita.
El legado de José María y de otros niños que sufrieron la violencia del terrorismo debe ser recordado y honrado. Aún quedan 374 asesinatos sin resolver, lo que representa más del 40% de las víctimas de ETA. La memoria de estas víctimas es fundamental para construir una sociedad más justa y pacífica, donde el terrorismo no tenga cabida.
La inauguración del monumento en honor a José María Piris Carballo es un paso hacia la reconciliación y el reconocimiento del sufrimiento de las víctimas. Es un recordatorio de que, aunque el tiempo pase, el dolor de la pérdida y la necesidad de justicia persisten en la memoria de quienes han sufrido a causa del terrorismo.